Los que hemos pasado por esta aventura de ser madre o padre, sabemos que es la profesión más difícil de practicar, teniendo en cuenta que jamás de los jamases se nos preparó para tal hazaña.

Siempre he pensado que, de haber existido en aquel entonces, podría haber asistido a una Escuela para Madres  antes de ser madre, es como si me hubiesen dado una acreditación sin tener la más mínima idea del temario ni de la práctica.

Por eso, cuando decidimos (o no) convertirnos en esos seres tiernos y maravillosos que comenzarían a dedicar toda una vida a otros seres pequeñitos, más tiernos y maravillosos aún, pensamos que con algunos consejitos oportunos de abuelos, tíos y demás personas experimentadas en el asunto (¿?), sería suficiente.

Sin embargo, la vida se empeña en ponernos piedras en el camino, algunas veces rocas, tormentas y dificultades que hacen que nuestra aventura de ser madres se convierta en una auténtica pesadilla.

Vale, no voy a generalizar.

Habrá madres  perfectas, con hijos perfectos y vidas perfectas, que nunca tienen problemas porque tienen siempre las soluciones a cada caso.

Precisamente a ellas, no me dirijo.

Me dirijo a esas madres  que tienen algo en común conmigo, es decir, que somos perfectamente imperfectas, por eso siempre estamos buscando alteativas diferentes para enmendar nuestros errores.

Si tú eres uno de ellas, y estás leyendo este post, entiendo que compartes mi visión sobre el tema…

¡Genial! Pues acompáñame en este pensamiento.

Clave 1. Observa cuando te estés desbordando

Como decía, nuestra experiencia como madres, suele convertirse en una pesadilla. La mía lo fue, para ser muy sincera, había días que me desbordaba. El hecho que las situaciones nos desborden (puede ser cualquier situación, piensa en algo personal o laboral) significa que en ese momento no tenemos la capacidad de gestionar lo que nos sucede.

Si no tengo capacidad para contener, es porque estoy llena hasta arriba de otras cosas.

Cuando no encontramos la solución al problema, nos desbordamos y comenzamos a dar manotazos al aire, echando culpas hacia afuera y buscando rápidamente a alguien que suponemos está más preparado que nosotras para resolver el tema.

¿Me sigues? ¿Te ha pasado esto alguna vez? A mí sí.

Muy bien. Aquí viene mi reflexión:

Muchas mamás llevamos a nuestros hijos a centenares de tareas extraescolares para que Aprendan  algo que creemos les hará falta en un futuro.

Entonces les empujamos por el camino de los idiomas, el deporte, la música, la mecanografía, el psicólogo, el psicopedagogo y si encontramos un coach especializado en niños, también viene bien; le sumamos el móvil, la tablet, el ordenador, la TV y todo lo que el mercado nos proponga, porque seguramente es lo que les dará la felicidad (¿?)

“El conocimiento va a venir solo, los resultados del mundo vienen solos, pero un niño no que fue amado, difícilmente va a aprender a amar”.

Pablo Lipnizky

Clave 2. Observa y enfrenta a tus miedos

Estoy tan llena de mis problemas, mis preocupaciones, mi estrés, mi frustración, mis culpas y errores, mi falta de gestión del tiempo y de las emociones y mis miedos que ya no me queda espacio para dar a mis hijos.

Si estoy llena busco que otros le enseñen ese camino y si estoy vacía no tengo fuerzas para sostener.

¿Te encuentras en alguna de estas situaciones?

  1. No sabes gestionar tus emociones.
  2. Cuando desconoces un tema, rechazas la idea de que eres tú quien tiene que aprender algo diferente.
  3. Tienes miedo que tus conocimientos no sean suficientes para entregarle a tus hijos, entonces buscas refuerzo afuera.

No digo que las extraescolares o el apoyo de un profesional no sirvan, eso puede ayudar en momentos puntuales.

Lo que digo es que nos empeñamos en preparar a nuestros hijos con herramientas que pensamos que son útiles para su futuro. De ésta manera sólo se bloquea el desarrollo natural de nuestros niños y niñas.

¿Qué te hace pensar que tú tienes todo aprendido?

¿Qué te hace pensar que no necesitas un apoyo?

¿Qué te hace pensar que sólo tu hijo o hija necesita ayuda para crecer?

Si piensas así, puede que pertenezcas al Grupo de Madres Perfectas al que me refería antes. Pero si continúas leyendo este post se supone que no lo eres, ¿Me equivoco?

En el momento en que nos convertimos en madres, dejamos de pensar en nosotras, queremos darles a ellos lo mejor, incluso en muchos casos, dejamos de hacer algo que sabemos que nos hace falta para entregarles a ellos nuestro sacrificio…¡wow! ¡Qué loable!

Siendo madre primeriza y muy joven (muy) viajé en avión con mi hija, que en ese entonces tendría unos tres años (fue una experiencia religiosa, casi muero en el intento), siempre había fantaseado con la idea que en un momento de extremo peligro y saltasen las mascarillas de oxígeno, yo inmediatamente le pondría primero la mascarilla a mi hija, pensamiento que toda madre o padre primerizo puede tener. Curiosamente, al prestar atención a las indicaciones de la azafata me di cuenta del mensaje correcto:

Colóquese usted PRIMERO la mascarilla de oxígeno para luego colocársela a su hijo.

¿Qué quiere decir esto? Que si le pones a él primero la mascarilla para salvarlo, estará muy bien y heroico, pero seguramente si te quedas tú sin oxígeno y sin recursos para ayudarle como adulto, será el niño que se quede sin ti.

Mi sorpresa al darme cuenta que era yo principalmente quien tenía que “salvarse” primero, de esta manera sobreviviríamos las dos.

¿Me sigues la idea? Insisto, insisto, insisto:

No puedes dar nada de lo que no tengas.

Ale Navarro

Clave 3. Comienza por ti

1. Si quieres que tus hijos sean felices tienes que transmitir felicidad.

  • ¿Eres feliz de verdad?
  • ¿Hablas con ellos de la felicidad?
  • ¿Estás feliz con la vida que llevas?

2. Si quieres dejarles a tus hijos una enseñanza tendrás que aprender tu primero, ¡Porque tú ERES EL MODELO!

  • A perdonar y amar.
  • A ser resolutivos.
  • A gestionar las emociones.
  • A saber a dónde se quiere llegar.
  • A tener paciencia y ser consecutiva con lo que te propones.

3. Si quieres guiarles por un camino determinado, tendrás que conocer ese camino de memoria. Tú eres la persona responsable de guiar y acompañar y tienes la obligación de nutrirte de todo tipo de información que te soporte para convertirte en esa guía.

Para dar primero hay que tener.

Tus hijos necesitan una madre  con todos los recursos, habilidades y capacidades para entregarles. Es en casa donde principalmente entre 0 y 7 años, se introduce el  de la información que un ser humano necesita para el resto de su vida.

¿De verdad crees que la información que estás transmitiendo es la correcta por el simple hecho de que los amas?

A veces confundimos el amor con dar todo lo material, y a mi entender, el amor sólo fluye desde el Ser.

El error reside en que nos han transmitido la idea de que primero hay que TENER para HACER y luego SER. Creemos que si tenemos algo podremos hacer algo diferente  para al final ser felices en nuestra vida ideal .

Se comienza  por el SER para luego HACER y TENER. Por eso, a modo de experiencia, si quieres dar todo a tus hijos, asegúrate que ese todo está fundamentado en los valores que le puedes transmitir; y para dar primero tienes que recibir.

El desarrollo y crecimiento personal es el único camino para llegar al SER, así encontrarás el cómo HACER para TENER lo que sueñas para ti y tus hijos.  

Hazte un favor a ti y a tus hijos: ¡Ponte la mascarilla de oxígeno!

¿Nos vemos en el camino?
Ale